¡Mama qué será lo que quiere el negro!. Lo sabremos muy pronto. Estoy viendo el resultado de las elecciones generales en los Estados Unidos, dónde se anuncia a bombo y platillo que Obama es el nuevo presidente de los Estados Unidos. Vaya desde aquí mi enhorabuena para el presidente que está a punto de cambiar la historia, eso sí, si le dejan. Los obstáculos son difíciles de saltar en ciertas esferas pero no imposibles. En sus propias palabras: “si alguien dudaba de la fuerza, de la existencia del sueño americano, del poder de la democracia. Esta noche es la repuesta”. Tenía razón, la sigue teniendo y la tendrá. Señores, no se dan cuenta, estamos delante de un cambio histórico en todos los sectores de primera influencia: el económico y el político. En lo económico no se sabe que pasará porque lo de la crisis no ha hecho más que empezar, yo vengo apostando por un cambio de paradigma económico. En lo político no es que se avecine el momento de abrazar leones u otras visiones utópicas. Los cambios en este sentido no son nunca radicales. El hombre medieval no se despertó un buen día transformado en el hombre moderno. Ahora tampoco pasará así, los cambios necesitan su tiempo y suelen ser muy discretos. Pero lo cierto es que Obama, planta cara, pone la otra mejilla, con una maestría y seriedad que uno duda en atizar de nuevo. Este tipo se lo ha currado. Amén de Mc, Cain que se ha convertido en un hombre majo y simpático que saca la lengua cuando pasea. Si Obama es como el buen samaritano, es decir, Abel; a Mc. Cain, le toca el papel de caín. Lo único que ha pasado aquí es que Abel ha hablado con Caín antes de que éste, quijada en mano, le atizara. Eso sí poniendo siempre la otra mejilla y diciendo: sí que podemos. Aquí no ha ganado las elecciones Obama, sino el optimismo, la espontaneidad, la ilusión, el arte, la libertad, la opinión libremente expresada, la decencia de los no valores, el respeto mutuo a la diferencia, el dá igual dé dónde vengas sólo importa dónde vas (sabina dixit), todo esto si ha subido esta madrugada, mientras yo dormía, a un púlpito y ha dicho: “sí que podíamos”.
Escribe un comentario